BOLIVIA REGISTRA LA ESPERANZA DE VIDA MAS BAJA DEL CONTINENTE
BOLIVIA REGISTRA LA ESPERANZA DE VIDA MÁS BAJA DE SUDAMÉRICA CON UN PROMEDIO DE 68,7 AÑOS
De acuerdo con estimaciones demográficas de organismos internacionales, el país se ubica al final del ranking regional, distante del promedio de Chile (81,3 años) y Uruguay (78,3 años). La brecha refleja los desafíos estructurales del sistema de salud y las condiciones socioeconómicas.
Por la Redacción Central / La Palabra del Beni.— Un reciente informe cartográfico comparativo de indicadores demográficos en Sudamérica —basado en proyecciones y datos de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)— confirma las marcadas disparidades en la esperanza de vida al nacer entre las naciones de la región. En este contexto, Bolivia se sitúa en el último lugar del bloque con un promedio general de 68,7 años.
La cifra refleja el promedio combinado entre hombres y mujeres, evidenciando un importante rezago en comparación con los países vecinos del Cono Sur y la región andina.
Panorama comparativo en la región
El mapa de indicadores muestra un contraste marcado entre los países sudamericanos:
Líderes en longevidad: Chile encabeza la lista regional con la esperanza de vida más alta, alcanzando los 81,3 años, seguido por Uruguay (78,3 años), Colombia (77,9 años), Perú (77,9 años), Ecuador (77,6 años) y Argentina (77,5 años).
Rango medio: Brasil registra una expectativa de vida de 76,0 años, Paraguay se sitúa en 73,9 años, Surinam en 73,7 años y Venezuela en 72,6 años.
El extremo inferior: En los niveles más bajos de la tabla se encuentran Guyana con 70,3 años y Bolivia en el último puesto con 68,7 años.
Factores determinante en el indicador
Especialistas en salud pública y demografía señalan que la esperanza de vida al nacer es el indicador sintetizado más preciso sobre las condiciones generales de desarrollo de un país.
El rezago registrado en Bolivia está directamente vinculado a factores históricos y estructurales, tales como la tasa de mortalidad infantil, el acceso limitado a servicios de salud de alta complejidad en zonas rurales e indígenas, las tasas de cobertura en saneamiento básico y agua potable, así como la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles.