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Ciencia y desarrollo desde las regiones

Autor: Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia Doctor en Economía. Posdoctoral Currículo, Discurso y Formación de Investigadores Académico Nacional e Internacional Periodista APC – ANPB alfredomancillaheredia@gmail.com

Ciencia y desarrollo desde las regiones


Cuando se habla de desarrollo, el debate suele concentrarse en infraestructura, presupuestos públicos o explotación de recursos naturales. Sin embargo, existe un factor menos visible, pero decisivo, que rara vez ocupa el centro de la discusión, permitiéndonos referenciar la investigación científica.

Las regiones que no generan conocimiento propio terminan dependiendo de ideas, tecnologías y decisiones tomadas fuera de su contexto. Esta dependencia no es solo económica; es también intelectual, cultural y política.

La experiencia histórica demuestra que el desarrollo ético sostenible, no surge únicamente de la abundancia de recursos, sino de la capacidad de comprenderlos, gestionarlos y transformarlos con conocimiento. Sin investigación, los recursos se agotan o se usan de manera ineficiente; con investigación, se convierten en oportunidades de largo plazo. Por ello, el conocimiento es una forma de riqueza estratégica que no se devalúa con el tiempo.

En América Latina persiste una visión de corto plazo, que exige resultados inmediatos y visibles. Bajo esa lógica, la investigación suele verse como un gasto innecesario o como una actividad distante de las necesidades sociales urgentes. Esta percepción es un error estratégico, ya que la investigación no compite con la salud, la educación o la producción; por el contrario, las fortalece, al permitir soluciones más eficaces, sostenibles y adaptadas a la realidad local.

Formar investigadores no significa acumular títulos ni certificados. Significa desarrollar pensamiento crítico, rigor metodológico y responsabilidad social. La investigación no se improvisa ni se decreta por voluntad política; requiere tiempo, estabilidad institucional y libertad intelectual. Cuando estas condiciones no existen, se crean estructuras académicas formales, pero sin impacto real en la sociedad. Es decir, se da el incumplimiento de la ruta de aprendizaje y las funciones que hacen al cumplimiento de la misión universitaria y del sistema educativo.

La investigación regional es particularmente relevante. Hoy bajo el paraguas de fortalecimiento de las autonomías vinculadas a la profundización de un proceso de descentralización del Estado, los departamentos enfrentan desafíos productivos, ambientales y sociales que no pueden resolverse copiando modelos externos de manera acrítica. Se necesita conocimiento contextualizado, capaz de orientar políticas públicas, proyectos productivos y decisiones privadas con base en evidencia y no solo en intuiciones o intereses coyunturales.

Invertir en investigación no ofrece aplausos inmediatos, ni réditos políticos rápidos. Sus resultados suelen verse con el tiempo, pero cuando aparecen, transforman profundamente a las sociedades. Apostar por la ciencia es apostar por la autonomía, la dignidad y la capacidad de decidir el propio rumbo. Investigar, en definitiva, es una forma de no depender y de construir futuro con equidad generacional desde las regiones.

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