San Ignacio de Mojos se encuentra en un punto de colapso absoluto. La alcaldesa de ese municipio, Cecilia Giraldo, declaró formalmente la emergencia sanitaria, humanitaria y vial en su jurisdicción tras constatar un escenario desolador en la carretera Trinidad - San Ignacio (Ruta Fundamental) y liderar posteriormente una histórica protesta ciudadana contra el desabastecimiento especulativo de combustible en el área urbana.
La jornada comenzó en el cruce de Río Mamoré, donde un bloqueo nacional mantiene atrapados a cientos de transportistas desde el pasado lunes. El panorama descrito por la autoridad mojeña es de un desastre productivo y sanitario sin precedentes: kilómetros de camiones varados con cargamentos de carne en descomposición, lechones botados a los lados de la vía y toneladas de frutas podridas. Lo más grave, sin embargo, es la situación de los pasajeros y choferes, incluyendo niños y ancianos, que llevan días bajo las inclemencias del clima, con hambre, sed y sin asistencia médica.
"No podemos hacernos de la vista gorda como si no pasara nada en el Beni. Insto al Gobernador, al Alcalde de Trinidad y a los 28 asambleístas departamentales a que vengan a ver a nuestra gente. Necesitamos que se declare el desastre y que los Ministerios de Obras Públicas, Defensa y Salud traigan socorro inmediato", interpeló con dureza la alcaldesa Giraldo desde el lugar del desastre.
Tensión en el surtidor: "No somos babosos"
La crisis carretera provocó el desabastecimiento inmediato de víveres, gas licuado y combustible en el pueblo de San Ignacio. Ante esta situación, la indignación social estalló cuando una cisterna cargada de gasolina logró llegar al municipio, pero la administración del Surtidor "Museruna" se negó a comercializar el producto argumentando supuestos problemas técnicos.
La alcaldesa Giraldo se trasladó personalmente al surtidor y se puso a la cabeza de la movilización de indígenas, transportistas, ganaderos y personal de salud que llevaban hasta 15 días esperando por combustible. Giraldo denunció públicamente la "mala voluntad" empresarial y un modus operandi de acopio irregular.
"¿Cuál es el temor de los dueños del surtidor? ¿Volver a vender de madrugada mientras el pueblo se queda sin comida? Quieren vender la gasolina de dos a cuatro de la mañana. No somos babosos, la cisterna llegó en perfecto estado y resguardada por nosotros. De aquí no nos movemos y no se vende ni una gota hasta que nos respeten como pueblo", sentenció la autoridad edil en medio del respaldo vecinal.
En un hecho sin precedentes, y con el surtidor tomado por la población, la alcaldesa Giraldo se comunicó en vivo con la dirección de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), exigiendo la inmediata presencia de una comisión fiscalizadora para frenar el ocultamiento del carburante. La vigilia vecinal advirtió que radicalizará las medidas de presión si las autoridades reguladoras nacionales no intervienen el establecimiento de manera drástica.