CURITIBA: LA CIUDAD SIN INUNDACIONES QUE CONVIVE CON CAPIGUARAS
DE FRENAR INUNDACIONES A MOVER LA ECONOMÍA LOCAL: CÓMO CURITIBA HIZO DE LA CAPIGUARAS SU MAYOR ÉXITO URBANO Y CULTURAL
En la década de 1970, la capital del estado brasileño de Paraná eligió la ingeniería natural antes que el hormigón para solucionar sus riadas. Medio siglo después, aquel proyecto no solo protege a la ciudad de las aguas, sino que alimentó un ecosistema turístico e identitario único en la región.
Por la Redacción Central / La Palabra del Beni.— En el Parque Barigüi, uno de los pulmones verdes más concurridos de Curitiba, la escena resulta casi surrealista para cualquier visitante despistado: familias enteras comparten un picnic de fin de semana mientras a escasos metros roedores de más de 60 kilos caminan plácidamente sobre el césped o nadan en el lago. No hay rejas, no hay cautiverio y nadie parece inmutarse.
Las capiguaras (Hydrochoerus hydrochaeris) se han apoderado de la vida cotidiana de esta metrópoli del sur de Brasil. Pero lejos de ser un accidente de la naturaleza o una invasión fortuita, su presencia masiva es el resultado directo de una de las intervenciones de urbanismo e ingeniería hidráulica más audaces de América Latina.
La solución hidráulica de los años 70: Parques en lugar de hormigón
Para entender cómo las capiguaras terminaron integradas a la mancha urbana hay que remontarse a la década de 1970. Por aquel entonces, Curitiba sufría destructivas inundaciones provocadas por el desborde constante de sus ríos y la acelerada expansión de la ciudad.
La respuesta convencional de la época dictaba canalizar los cauces, cubrirlos con placas de concreto o levantar murallas de contención. Sin embargo, la administración municipal liderada por el célebre arquitecto y urbanista Jaime Lerner —quien ocuparía la alcaldía en tres oportunidades— planteó una alternativa radical: dejar que el agua fluya y crear parques de amortiguación hídrica.
En lugar de impermeabilizar las cuencas, la municipalidad expropió zonas bajas y diseñó más de 30 parques urbanos estructurados alrededor de lagos artificiales, como Barigüi, Tingüi y Passaúna. Durante las temporadas de lluvias intensas, los parques funcionan como verdaderas esponjas urbanas: se aniegan de forma programada y retienen millones de litros de agua, evitando que los barrios aledaños se reduzcan a escombros o sufran riadas.
Sin planificarlo explícitamente, la creación de este cinturón verde y acuático recreó el hábitat húmedo ideal para la fauna autóctona de la cuenca del río Barigüi. Las capiguaras, que habían sido desplazadas por la urbanización, encontraron en estos parques el refugio perfecto para alimentarse y reproducirse libremente.
El fenómeno económico: Una marca que da de comer
Con el paso de las décadas, la coexistencia pacífica entre ciudadanos y animales dejó de ser solo una curiosidad ambiental para convertirse en un motor económico de escala local.
El flujo constante de visitantes que acude a los parques urbanos para observar a la fauna silvestre en libertad dinamizó de forma directa el comercio, el sector gastronómico y las industrias creativas de Curitiba:
Gastronomía temática: Pastelerías y panaderías tradicionales de la ciudad comercializan desde tortas decoradas hasta el icónico pão de queijo (pan de queso) moldeado con la silueta de la capiguara.
Comercio y artesanía: En la histórica Feira do Largo da Ordem y en tiendas del centro urbano, artesanos y emprendedores locales viven de la venta de peluches, indumentaria, accesorios, piezas de cerámica y souvenirs del animal.
Atracción turística gratuita: La presencia de las capiguaras consolidó un circuito turístico sostenible que atrae visitantes nacionales e internacionales sin requerir costosas infraestructuras de entretenimiento sintético.
2013: La revolución del marketing público
El último gran hito de esta historia se consolidó en 2013. La Prefectura (Alcaldía) de Curitiba aprovechó el fenómeno identitario para dar un giro de 180 grados a su estrategia de comunicación institucional en redes sociales.
A través del personaje de la "Capivara da Prefeitura", el municipio comenzó a emitir sus comunicados oficiales, campañas tributarias, avisos de recolección de basura y concientización ambiental mediante el humor y la empatía. El resultado fue una ciudadanía profundamente identificada con su administración y con el animal que adoptaron como mascota no oficial.
Curitiba logró lo que muy pocas ciudades han conseguido: resolver sus problemas de drenaje pluvial con ingeniería verde, preservar su ecosistema nativo y transformar a su fauna en un símbolo de orgullo, calidad de vida y prosperidad económica. Un sueño urbano donde la gente no se inunda y convive en armonía con su entorno.