Local

EDUCACIÓN EN EL BENI: ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD

Por: Lic. Dunia Humaza Onarry

EDUCACIÓN EN EL BENI: ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD

El sistema Educativo Boliviano atraviesa un momento de introspección forzada, pero en el departamento del Beni, la reflexión se convierte en una denuncia silenciosa. Mientras el discurso oficial desde el Ministerio de Educación suele pintar un panorama de modernización, digitalización y soberanía científica, la realidad que golpea las aulas benianas cuenta una historia de abandono estructural y brechas que, lejos de cerrarse, se ensanchan frente a los departamentos del eje troncal.

Beni no solo lucha contra las distancias geográficas de su vasta llanura; lucha contra una desconexión sistemática. Según datos que contrastan el rendimiento regional, departamentos como Oruro, La Paz y Tarija suelen liderar los indicadores de calidad educativa en el país, dejando al Beni en una periferia de aprendizaje donde la conectividad es un lujo y no un derecho básico. En pleno siglo XXI, hablar de "revolución tecnológica" en municipios donde la fibra óptica es un mito y la señal celular es un milagro intermitente, resulta casi una burla para el estudiante que debe competir en un mercado laboral globalizado.

La infraestructura es el primer síntoma de esta enfermedad. No podemos hablar de calidad pedagógica cuando existen unidades educativas que carecen de servicios básicos fundamentales. El discurso de "inauguración de muros" que tanto gusta a la gestión política no se traduce en laboratorios equipados, bibliotecas actualizadas o formación técnica pertinente a la vocación productiva de la región. El Beni está siendo educado para el pasado, mientras el resto del país intenta, a duras penas, mirar hacia el futuro.

La brecha se profundiza con las nuevas directrices nacionales para la gestión 2026. La reciente restricción del uso de dispositivos móviles en aula y el retorno prioritario a la lectura física y el razonamiento lógico, aunque bien intencionados, desnudan la precariedad local. ¿Cómo se fomenta la lectura física en comunidades donde las bibliotecas escolares son estantes vacíos o depósitos de libros obsoletos? Sin una inversión real que nivele el suelo entre un alumno de Trinidad o Riberalta y uno de Santa Cruz o La Paz, la educación beniana seguirá siendo una carrera de obstáculos donde el punto de partida está varios kilómetros atrás.

Es imperativo que el discurso político se baje del podio y camine las provincias Vaca Díez, Ballivián o Iténez. La realidad es que el talento humano en el Beni sobra, pero la oportunidad escasea. El docente beniano hace patria con las uñas, enfrentando la falta de actualización y recursos pedagógicos que en otras latitudes están a un clic de distancia. La educación en el Beni no necesita más retórica de éxito estadístico; necesita presupuesto ejecutado en necesidades reales, conectividad soberana y una formación que entienda que el desarrollo del departamento depende de la calidad de sus mentes y no solo de la extracción de sus recursos.

Si no logramos acortar esta distancia, el destino del joven beniano seguirá siendo la migración o el subempleo. La educación debe ser el gran igualador social, pero hoy, entre el discurso oficial y la realidad del aula en nuestra región, existe un abismo que amenaza con volverse irreversible. Es hora de que el Beni deje de ser la estadística olvidada en los reportes de calidad nacional y pase a ser la prioridad de una política de estado que entienda que Bolivia no termina donde acaba el asfalto.

79 vistas