Julio: Mes importante para los mojeños ignacianos y la Ichapekene Piesta

San Ignacio/Mojosconecta.- Inicia el mes de julio, séptimo del año, que debe su nombre al emperador romano Julio César. De acuerdo a Hipócrates, el 7, por sus virtudes ocultas, tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la luna cambia de fase cada siete días. Este número influye en todos los seres sublimes.

Julio: Mes importante para  los mojeños ignacianos y  la Ichapekene Piesta

Para los mojeños ignacianos, es el mes donde reina el color verde en el monte y en la pampa el verde amarillento; también brotan las flores de paichané y el camote madura en el chaco. Es cuando comienza la sequía, pero también cuando se elige el terreno para el chaqueo y su posterior siembra.

 

Este séptimo mes, donde el sol brilla con mayor esplendor y la luna se alimenta de sus rayos, su luz plateada ilumina las noches del caminante.

 

Julio es el mes en que se abren los caminos, las personas parecen estar más alegres y las pampas albergan un sinnúmero de garzas blancas y morenas. Las actividades agrícolas, ganaderas, de limpieza de los campos, y el corte de madera para la construcción de viviendas y corrales se acentúan.

 

Este mes es el mes de la Ichapekene Piesta Inasianuana. El sarao se alista para tejer con su baile cadencioso las notas del toque de los macheteros, los Achus afinan su ulular para dar paso al saludo y las bromas sin fin. Los colores múltiples se lucen en los tipoyes y en los arcoíris de las simbas de las móperas esbeltas.

 

El Tintiririnti abrirá camino anunciando la llegada de la Fiesta Grande y el chasquero, con su chispeante luz, desparramará la desbordante alegría entre los visitantes y los vivientes de San Ignacio.

 

Los caminos de las comunidades y de las estancias ganaderas hacia la carretera que llega al pueblo se llenan de fiesteros alegres con alforjas llenas de alegría.

 

Mojos es ardiente sol, es plenilunio; trabajo, es descanso; lluvia, inundación y sequía; sur y chilchi; es fiesta, alegría y tristeza; es felicidad y enojo, es contradicción permanente, pero sobre todo: eterna esperanza.

 

Esperanza que se renueva cada mes de julio al son del baile de los ciervos, de los pescaditos, del tigre, del sol y la luna y sus hijas las estrellas, del jucumari solitario y del coqueto japutuki, de la pareja de los gigantes Juan y Juana Takora. Es la Ichapekene Piesta.

 

Con todo esto, para los mojeños ignacianos el mes de julio es uno de los más importantes del calendario.

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