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La diversidad, el diálogo y el co-gobierno como ejes de una gestión económica eficiente: El federalismo como antídoto al centralismo del poder

Autor: Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia Doctor en Economía. Posdoctoral Currículo, Discurso y Formación de Investigadores Académico Nacional e Internacional Periodista APC – ANPB alfredomancillaheredia@gmail.com

La diversidad, el diálogo y el co-gobierno como ejes de una gestión económica eficiente: El federalismo como antídoto al centralismo del poder

La gestión de la economía y del desarrollo de una sociedad no puede concebirse como un proceso homogéneo, lineal ni exclusivamente tecnocrático. Por el contrario, las experiencias históricas y la evidencia empírica muestran que los sistemas económicos más resilientes y sostenibles son aquellos que incorporan un enfoque diverso, plural y territorialmente descentralizado en la toma de decisiones. La diversidad —social, productiva, cultural y territorial— no constituye una debilidad del sistema económico, sino una fuente estratégica de información, innovación y control de errores estructurales.

Desde esta perspectiva, el diálogo se erige como un insumo económico fundamental. No se trata únicamente de un valor democrático, sino de un mecanismo de reducción de asimetrías de información y de corrección de fallas de diseño en las políticas públicas. El diálogo estructurado entre el Estado, el sector privado, los gobiernos subnacionales, la academia y la sociedad civil permite identificar restricciones reales a la inversión, anticipar impactos no deseados y mejorar la eficiencia allocativa de los recursos públicos. Allí donde el diálogo es sustituido por la imposición vertical del poder, emergen decisiones desconectadas de la realidad productiva, social y territorial.

En este contexto, el principio del co-gobierno adquiere una relevancia estratégica. Incorporar el co-gobierno en la gestión económica implica reconocer que el desarrollo no es un acto unilateral del poder central, sino un proceso compartido de corresponsabilidad. El co-gobierno no diluye la autoridad del Estado: La fortalece, al distribuir funciones, responsabilidades y mecanismos de control entre múltiples actores. Este enfoque incrementa la transparencia, reduce los incentivos a la corrupción y mejora la legitimidad de las decisiones económicas, especialmente en proyectos de inversión pública y asociaciones público-privadas.

La inversión, entendida como motor del crecimiento y del bienestar, responde de manera sensible a la calidad institucional. Cuando las decisiones se concentran excesivamente en el nivel central, se incrementa el error de política pública: Se diseñan programas que no consideran las heterogeneidades regionales, se asignan recursos sin conocimiento del territorio y se generan cuellos de botella administrativos que encarecen los proyectos y reducen su impacto. El centralismo del poder, lejos de garantizar eficiencia, tiende a producir rigidez, opacidad y discrecionalidad.

Frente a ello, el federalismo económico emerge como un marco institucional capaz de menguar de manera significativa los errores generados por el centralismo. El federalismo no debe entenderse como fragmentación del Estado, sino como una arquitectura de coordinación multinivel. Al descentralizar competencias fiscales, administrativas y de planificación, el federalismo permite que las decisiones se adopten más cerca de los problemas reales, mejora la evaluación de resultados y fortalece los mecanismos de rendición de cuentas. La proximidad entre decisores y ciudadanos actúa como un control natural sobre la mala gestión y el uso ineficiente de los recursos.

Además, el federalismo potencia la competencia virtuosa entre territorios, incentivando la innovación en políticas públicas, la mejora del clima de inversión, los proyectos concurrentes y la adopción de buenas prácticas de gobernanza. Esta dinámica reduce la dependencia de un centro político único y limita la captura del Estado por élites económicas o burocráticas concentradas, fenómeno recurrente en economías altamente centralizadas.

En síntesis, una gestión económica orientada al desarrollo sostenible exige abandonar la lógica del poder concentrado y adoptar un enfoque diverso, dialogante y cooperativo. La combinación de diversidad, diálogo, co-gobierno y federalismo no solo mejora la calidad de la inversión y su impacto económico y social, sino que fortalece la transparencia, la legitimidad institucional y la estabilidad de largo plazo. En sociedades complejas y heterogéneas, gobernar desde la centralización absoluta no es sinónimo de fortaleza: Es, en muchos casos, la raíz estructural del error económico y del estancamiento del desarrollo.

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