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La educación financiera: una tarea pendiente en la educación boliviana

Por Lic. Oscar Gutierrez Peralta

La educación financiera: una tarea pendiente en la educación boliviana

Hablar de educación financiera en Bolivia es reconocer una capacidad no lograda en el sistema educativo. En un país donde una parte importante de la población enfrenta dificultades para administrar sus ingresos, acceder responsablemente al crédito o planificar su futuro económico, la educación financiera deja de ser un contenido accesorio y se convierte en una necesidad social urgente. Formar estudiantes capaces de tomar decisiones económicas informadas es hoy tan importante como enseñar a leer, escribir o resolver problemas matemáticos.

Las estadísticas evidencian esta carencia. Según datos del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), solo 3 de cada 10 adultos en Bolivia poseen conocimientos básicos sobre ahorro, crédito e inflación, ubicando al país por debajo del promedio regional. Además, de acuerdo con la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), una gran proporción de usuarios financieros desconoce las condiciones de los créditos que adquiere, lo que deriva en sobreendeudamiento y vulnerabilidad económica familiar. Estos datos reflejan que la falta de educación financiera no solo afecta al individuo, sino al tejido social y económico del país.

La educación financiera cumple un rol clave en el desarrollo personal de los estudiantes y de sus familias. Aprender a administrar los ingresos disponibles en un periodo determinado, priorizando gastos necesarios y evitando el consumo impulsivo, es el primer paso hacia una vida económica equilibrada. No sólo importa cuánto se perciba, sino cómo se administra el dinero para mejorar el bienestar personal y familiar. Un aspecto central es la planificación financiera. Educar a niños y jóvenes para que establezcan metas financieras reales y útiles les permite proyectarse al futuro con mayor seguridad. La capacidad de diferenciar necesidades de deseos, planificar el ahorro y prever imprevistos fortalece la autonomía y la responsabilidad. Además, fomenta una cultura del ahorro, hábito que influye directamente en la inversión, el emprendedurismo y la generación de patrimonio. Un estudiante que aprende a ahorrar comprende que el dinero no solo se gasta, sino que también puede multiplicarse a través de inversiones productivas.

En Bolivia se logró avances, con la incorporación de contenidos financieros en el currículo, particularmente en el área de Técnica Tecnológica General, donde se abordan nociones de emprendimiento, presupuesto y gestión de recursos. Sin embargo, estos avances aún son insuficientes y desiguales. La educación financiera sigue siendo fragmentada, dependiente de la iniciativa del docente, cuando debería consolidarse como una competencia transversal del perfil de salida del bachiller.

Conocer el crédito y sus ventajas es un componente esencial. El crédito, bien utilizado, permite emprender o invertir; mal utilizado, puede convertirse en una trampa económica. Por ello, los estudiantes deben conocer las normativas que rigen el sistema financiero boliviano, sus derechos y obligaciones como usuarios, y la importancia de un historial crediticio responsable.

La educación financiera fortalece capacidades cognitivas, pensamiento crítico y comprensión del comportamiento económico del país. En una sociedad capitalista y cada vez más digitalizada, el nuevo perfil del bachiller boliviano exige jóvenes capaces de analizar, decidir y actuar responsablemente en el ámbito financiero.

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