LA PALABRA ES EL PODER MAS CONCENTRADO
Todos conocemos, aunque no se practica con la diligencia consentida por el espíritu, que las palabras nos abren el ingreso lícito a donde queramos, empero, existen palabras que estrellamos en el rostro de alguien y no nos comunicamos. Esta cortísima introducción debiera incentivar intensamente a un mandatario o autoridad que decide, pues la palabra le conferirá el peso del poder y la responsabilidad del ejemplo.
A los bolivianos, a nosotros, nos acostumbraron los precedentes mandatarios y autoridades, sin haber reclamado, como debiera ser, que un presidente no se dirija la pueblo con la frecuencia necesaria, porque así se expresa la verdad del presidente, que es su verdad. No la verdad que esta en la profundidad (veritas est in puteo) y se la debe buscar porque es una invitación a la sabiduría que reside en el pueblo, voz diáfana que se debería escuchar, porque el mandatario hablando con el pueblo frecuentemente está reconociendo que aquél (el pueblo) tiene voz, conciencia y derecho a disentir.
La dignidad humana del pueblo debe quedar a salvo de las preferencias políticas. El ejemplo que ofrece una autoridad del país cuando se dirige con frecuencia al pueblo es la transición hacia la union de propósitos entre ambos; acción que siempre debe estar iluminada por la verdad, beneficiando a la cultura de la comunicación y sobre todo a la transparencia para que el progreso del país sea constante y no interrumpido por la asunción de otro partido que descarta todo lo hecho por el saliente, naturalmente por su ausencia de conocimiento.
El pueblo con la palabra frecuente del mandatario sabrá puntualmente lo que se acomete y se emprenderá para su desarrollo humano y ponderará con su crítica constructiva las características oratorias del mandatario en sus expresiones que desnudarán su personalidad, el carácter necesario para el mando, el apostolado que debe asumir cuando se trata de “solo servir al pueblo” como nos enseñó sabiamente dos mil años y más, Aristóteles.
Esta sería la forma de evitar confusión y la irrupción de medidas no consensuadas con el pueblo, donde surge inevitablemente la protesta social que no es otra cosa que la oposición al futuro de la realidad del ahora.
Todos los pueblos son muy inteligentes y nunca trataran de cambiar radicalmente la opinión del mandatario, presentándole su propio error mental que seria inútil; siempre actúa reconociendo la validez del punto de vista de la autoridad y, lo más importante: guiará a la autoridad para descubrir el otro lado del argumento y así arribar al consenso y precautelar la paz social.
Dr. Mg. Raúl Pino-Ichazo Terrazas es abogado, posgrados en Filosofía y Ciencia Política Maestría CIDES-UMSA. Alta Gerencia para abogados UCB-HARVARD, Interculturalidad y Educación Superior, Arbitraje y Conciliación, Derecho Aeronáutico, docencia en Educación Superior, doctor honoris causa en Humanidades-Cambridge International University, profesor universitario en pre y posgrado.