Local

Las logias en el poder: Captura del Estado, incompetencia estructural y postergación generacional

Autor: Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia Doctor en Economía Posdoctoral en Formación de Investigadores Académico Nacional e Internacional Periodista acreditado APC – ANPB alfredomancillaheredia@gmail.com

Las logias en el poder: Captura del Estado, incompetencia estructural y postergación generacional

A lo largo de la historia política de muchos países, las logias entendidas como grupos cerrados de poder, cohesionados por lealtades internas antes que por mérito o proyecto país, han demostrado una preocupante regularidad, su eficacia para tomar el podercontrasta dramáticamente con su incapacidad para ejercerlo con responsabilidad, competencia y visión estratégica.

El problema central no radica únicamente en la existencia de estas logias, sino en su débil capacidad de gestión pública, una vez que acceden a las estructuras del Estado. Al priorizar la pertenencia, la obediencia interna y la repartición de cuotas de poder, desplazan sistemáticamente a profesionales de primer nivel, técnicos calificados y cuadros con experiencia real en administración pública. El resultado es un aparato estatal entorpecido, lento, errático y altamente ineficiente.

Esta lógica de captura se manifiesta en el compromiso de cargos, tal el caso de ministerios, empresas públicas, entes reguladores y direcciones estratégicas se convierten en espacios de pago de favores políticos. La función pública deja de responder al interés general y pasa a servir a la supervivencia de la logia. En ese proceso, la credibilidad del Estado se erosiona progresivamente, generando desconfianza social, deslegitimación institucional y una creciente distancia entre ciudadanía y poder.

La consecuencia inmediata es el conflicto social. Cuando la gestión es deficiente, los servicios fallan, la economía se resiente y las oportunidades se reducen. La población percibe —con razón— que quienes gobiernan no están a la altura del mandato recibido. A largo plazo, el daño es aún más profundo: se produce un deterioro económico estructural, pérdida de competitividad, fuga de talentos y, quizás lo más grave, una postergación generacional. Las nuevas generaciones heredan un Estado debilitado, endeudado y sin capacidad de proyectar futuro.

Un elemento particularmente crítico es el rol de los llamados “padres de la logia”. Estos actores, formados en contextos históricos distintos, suelen imponer modelos arcaicos de ejercicio del poder, basados en el secretismo, la verticalidad extrema y la desconfianza hacia el conocimiento técnico independiente. Lejos de ofrecer una guía estratégica moderna, transfieren a los nuevos detentadores del poder esquemas llenos de errores, vicios y prácticas obsoletas.

Paradójicamente, los actuales poseedores del poder dentro de la logia terminan desnudando los errores de las logias pasadas. La repetición de fracasos, la improvisación constante y la incapacidad de adaptación evidencian que no existe una verdadera escuela de gobierno, sino apenas una tradición de control. Así, el poder se hereda, pero la competencia nunca se construye.

En este sentido, las logias no solo fracasan como administradoras del Estado, sino que se convierten en frenos al desarrollo institucional. Sustituyen la planificación por la intriga, el mérito por la lealtad y la política pública por la supervivencia interna. El Estado, capturado por estas dinámicas, pierde su razón de ser.

Superar este ciclo exige una ruptura profunda, abriendo las instituciones, gestionando la profesionalización real de la función pública y transparencia en la toma de decisiones sobre la base de una ética del poder orientada al servicio. Sin ello, las logias seguirán reproduciendo su patrón histórico, llegando a tomar el poder sin saber qué hacer con él, dejando tras de sí un país más fragmentado, más pobre y con su futuro sistemáticamente aplazado.

95 vistas