"Las segundas oportunidades requieren carácter"
Por: Lavive Yáñez Simon
Las segundas oportunidades en política no son un derecho automático ni un premio a la conveniencia, son una posibilidad legítima solo para quienes tienen carácter, dignidad y la capacidad real de asumir errores y corregirlos.
Equivocarse es humano, hacer de la mentira, la traición y el oportunismo una carrera política es inadmisible, quien nunca se equivocó probablemente nunca hizo nada, pero quien vive traicionando nunca tuvo principios.
La política boliviana atraviesa una crisis profunda de contenido, no faltan candidatos, faltan propuestas, no escasean discursos, escasea coherencia.
Muchos de los que hoy ocupan espacios de poder llegaron por el espectáculo, por el cálculo coyuntural o por el respaldo de padrinos políticos, llegaron vacíos de ideas y sin proyecto propio, y cuando el poder los alcanzó, revelaron su verdadera naturaleza.
El patrón es claro y reiterado: figuras sin trayectoria que se cuelgan de líderes con historia, credibilidad y palabra para alcanzar el curul, y que una vez logrado el objetivo los desplazan, los desconocen o los traicionan, eso no es renovación política, es oportunismo puro, no es estrategia, es mediocridad organizada.
El caso del General Moisés Shiriqui es ilustrativo, un hombre que honra su palabra, con una trayectoria construida en la disciplina y el compromiso público, fue utilizado por algunos como escalera electoral, cuando ya no les fue útil fue traicionado, así actúan quienes no tienen proyecto ni valores: usan a las personas, no construyen instituciones.
Estas prácticas no solo degradan la política, destruyen la confianza ciudadana, cuando la palabra deja de valer, cuando la lealtad se negocia y la ética se convierte en estorbo, la democracia se vacía y el desencanto social se profundiza.
Bolivia no enfrenta una crisis de generaciones ni de rostros, enfrenta una crisis de carácter, por eso es urgente decirlo sin rodeos:
– La traición política debe tener costo.
– El transfuguismo no puede seguir normalizándose.
– Quien no tiene propuestas no debe tener espacio.
– Quien vive del padrinazgo no gobierna para el pueblo.
La renovación que el país necesita no se mide en edad ni en imagen, sino en actitud, coherencia y responsabilidad histórica.
Segundas oportunidadessí, pero solo para quienes tienen el carácter suficiente para honrar la palabra y servir al país, no para quienes usan la política como trampolín personal.