Local

Mujeres que no se rinden: La educación alternativa como camino de transformación en Trinidad

En una sociedad donde las responsabilidades del hogar y el trabajo se multiplican, donde es necesario que tanto el hombre como la mujer trabajen para el sustento familiar, las mujeres enfrentan un desafío particular y diferente. Sus días comienzan antes del amanecer y terminan mucho después de que el sol se oculte sobre la ciudad. Entre la cocina, el trabajo, el cuidado de los hijos y las tareas del hogar, estas mujeres encuentran el tiempo o más bien, lo crean para asistir a clases.

Mujeres que no se rinden: La educación alternativa como camino de transformación en Trinidad

Los Centro de Educación Alternativa surgen como respuesta a una realidad innegable: no todas las personas pueden seguir el camino tradicional de la educación regular. Ya sea por razones económicas, responsabilidades familiares, embarazos adolescentes o simplemente porque la vida les presentó otros caminos, muchas mujeres vieron interrumpidos sus estudios. Durante años, esa interrupción pareció definitiva.

Contra corriente en una sociedad patriarcal

No podemos hablar de las mujeres en la educación alternativa sin reconocer el contexto en el que ellas luchan. Vivimos en una sociedad que, aunque ha avanzado, sigue marcada por estructuras patriarcales que limitan las oportunidades de las mujeres. Desde niñas, muchas recibieron mensajes que las enmarcaba en un espacio doméstico, que minimizaban sus capacidades intelectuales o que les hacían creer que su rol principal era servir a otros.

Cuando una mujer decide retomar sus estudios, no solo está desafiando las circunstancias de su vida personal; está cuestionando siglos de mandatos culturales que le dijeron que no era necesario que estudiara, que su lugar estaba en la casa, que ya era "demasiado tarde" para ella. Cada vez que una estudiante levanta la mano en clase para hacer una pregunta, cada vez que presenta un examen o completa un nivel educativo, está rompiendo cadenas invisibles pero muy reales.

La misma inspiración: crecer y aprender

Lo que une a todas estas mujeres; la joven madre de dieciocho años, la comerciante de cuarenta, la abuela de sesenta que decidió cumplir su sueño postergado, es una inspiración común: el deseo de crecer, de aprender, de ser más de lo que las circunstancias intentaron definir para ellas.

Como facilitadora en diferentes CEAs de la ciudad de Trinidad, he sido testigo de transformaciones que van mucho más allá de lo académico. He visto mujeres que llegaron con la mirada baja y la voz temblorosa, convencidas de que no eran "suficientemente inteligentes" para estudiar. Meses después, esas mismas mujeres participan activamente en clase, debaten, proponen ideas y se reconocen como sujetos de conocimiento. He visto cómo la educación les devuelve algo que la vida les había quitado: la confianza en sí mismas.

Porque cuando una mujer se educa, no solo adquiere conocimientos técnicos o académicos. Se empodera. Amplía su visión del mundo. Entiende sus derechos. Se vuelve capaz de cuestionar injusticias y de imaginar futuros diferentes. Y ese aprendizaje se multiplica: en sus hijos que la ven estudiar, en sus parejas que aprenden a compartir responsabilidades, en su comunidad que descubre nuevos modelos de lo que una mujer puede ser y hacer.

Un acto de valentía cotidiana

Cada mujer que cruza las puertas de un CEA está realizando un acto de valentía. Valentía para enfrentar el cansancio después de un día de trabajo. Valentía para lidiar con críticas de quienes no entienden por qué "a esas alturas" quiere estudiar. Valentía para sentarse en un aula cuando hace años que no lo hacían, cuando teme no poder recordar, no poder entender, no poder estar a la altura. Pero lo están. Todas ellas lo están. Porque el deseo de aprender, cuando es genuino, supera cualquier obstáculo.

La educación de una mujer nunca beneficia solo a ella. Cuando una madre estudia, sus hijos entienden el valor del aprendizaje. Cuando una mujer se capacita, su familia entera accede a mejores oportunidades económicas. Cuando las mujeres se educan, las comunidades enteras se fortalecen.

Un llamado a la valoración y el apoyo

Es momento de que como sociedad reconozcamos el esfuerzo extraordinario de estas mujeres. Que valoremos su tenacidad, su sacrificio y su ejemplo. Que dejemos de ver la educación alternativa como una "segunda opción" y la reconozcamos como lo que es: un espacio fundamental de inclusión y justicia social.

Y es momento también de que apoyemos activamente este camino. Desde políticas públicas que fortalezcan los CEA, hasta acciones cotidianas en nuestros hogares: compartiendo las tareas domésticas, alentando a las mujeres de nuestra familia a estudiar, reconociendo que su desarrollo personal no es egoísmo sino necesidad.

Porque cuando una mujer se educa, todos ganamos. Cuando ella crece, la sociedad entera se eleva, construyendo un futuro más justo y equitativo para todos.

POR: Ing. Fabiola Choque Velez

116 vistas