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PSEUDOPERIODISMO

Por: Juan José Toro Montoya

PSEUDOPERIODISMO

Las redes sociales democratizaron la posibilidad de informar… o desinformar. Cualquier persona puede transmitir en vivo, publicar fotografías, comentar un acontecimiento o compartir una noticia. Esa posibilidad es positiva, pero también ha producido un fenómeno que merece atención: personas y cuentas que se presentan ante el público como periodistas, aunque no necesariamente cumplan con las condiciones mínimas del ejercicio periodístico. A eso propongo llamarlo pseudoperiodismo.
No se trata de descalificar a quienes informan desde Facebook, TikTok, YouTube o cualquier otra plataforma. Tampoco de sostener que un medio digital necesita una oficina, una imprenta o una frecuencia de radio para hacer periodismo. Un medio puede ser perfectamente digital. El asunto es otro: la responsabilidad que acompaña al acto de informar.
El pseudoperiodismo aparece cuando alguien adopta la apariencia del periodista —micrófono en mano, transmisión en vivo, titulares de “última hora”, logotipo y lenguaje noticioso o, peor aún, simples textos en una cuenta anónima— pero deja de lado aquello que distingue al periodismo de un simple comentario en redes: verificar, contrastar, identificar las fuentes y rectificar cuando se ha cometido un error.
El caso reciente de Roger Mariaca ofrece un ejemplo ilustrativo. Tras conocerse la detención del exfiscal, circularon versiones que añadían un dato mucho más grave: que había sido extraditado. La afirmación resultó falsa. El Gobierno informó que no existía una solicitud de extradición y, posteriormente, la Cancillería confirmó que tampoco había recibido ninguna solicitud.
La noticia, sin embargo, ya había recorrido las redes. Y aquí aparece la pregunta elemental que debería hacerse cualquier periodista antes de publicar una información semejante: ¿cuál es la fuente?
Una extradición no es un rumor cualquiera. Supone procedimientos jurídicos, intervención de autoridades y documentación oficial. Presentarla como un hecho consumado exige, por tanto, una comprobación proporcional a la importancia de la información.
Aquí está la diferencia entre error periodístico y pseudoperiodismo. Un periodista puede equivocarse. Nadie está libre de hacerlo. La diferencia es que el periodismo tiene mecanismos para verificar, contrastar y rectificar. El pseudoperiodismo, en cambio, parece alimentarse de la velocidad con que se lanza una versión, aunque después nadie se haga responsable de ella.
Las redes sociales no destruyeron al periodismo. Lo que hicieron fue eliminar muchas de las barreras que antes separaban al periodista del simple difusor de información. Hoy cualquiera puede tener miles de seguidores y, con ellos, una capacidad de influencia que antes estaba reservada a los medios establecidos.
Por eso el problema no es que cualquiera pueda informar. El problema es que cualquier cuenta en redes sociales puede presentarse como un medio periodístico sin asumir las responsabilidades que implica informar.
Hablar de pseudoperiodismo no significa pedir censura ni establecer quién tiene derecho a publicar. Significa, más bien, exigir que el público aprenda a distinguir entre información, opinión, propaganda, rumor, desinformación y mentira.
Porque en tiempos de información instantánea, verificar antes de publicar no es un lujo del periodismo. Es la diferencia entre una noticia y una mentira difundida como noticia.
(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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