¿Qué pasa en el cerebro cuando estamos muriendo?: lo que descubrió la neurocientífica Jimo Borjigin

ÚLTIMOS MOMENTOS. “Yo creo que el cerebro hace lo mismo. ¿Cuál es su función más esencial? No es la que te permite bailar, hablar, moverte. Esas funciones no son esenciales. Lo esencial es respirar, que el corazón lata”.

¿Qué pasa en el cerebro cuando estamos muriendo?:  lo que descubrió la neurocientífica Jimo Borjigin

Reporte Especial/Author,Margarita Rodríguez/Role,BBC News Mundo.- Para la neurocientífica Jimo Borjigin fue una sorpresa: no podía creer que, aunque “morir es una parte esencial de la vida”, no sabíamos “casi nada” del cerebro moribundo.

 

Lo evidenció hace poco más de 10 años por puro “accidente”.

 

“Estábamos haciendo experimentos con ratas en el laboratorio. Examinábamos sus secreciones neuroquímicas después de una cirugía”, le cuenta a BBC Mundo.

 

De repente, dos de ellas murieron. Eso les permitió observar el proceso de muerte de sus cerebros.

 

"Una de las ratas mostró una masiva secreción de serotonina”.

 

¿Esa rata habría tenido alucinaciones?, se preguntó. “La serotonina está vinculada con ellas”, explica.

 

Ver esa explosión del neurotransmisor despertó su interés.

 

“Ese fin de semana, me puse a investigar literatura especializada porque creía que habría una explicación. Busqué una y otra vez y terminé dándome cuenta de que sabemos muy poco sobre el proceso de morir”.

 

Desde entonces, la profesora asociada de neurología y fisiología molecular e integrativa de la Universidad de Michigan se ha dedicado a estudiar qué pasa en el cerebro cuando estamos muriendo.

 

Y lo que descubrió -asegura- va en contra de lo que se ha asumido.

 

La definición de muerte. “No sé si has visto a una persona sufriendo un paro cardíaco”, me dice.

 

“El comportamiento más obvio es que colapsa, se cae, se desmaya”.

 

“La llamas por su nombre y no contesta, la tocas y no responde, no se mueve, es como si estuviera muerta”.

 

Necesitamos profesionales que nos digan si el paciente está vivo. Muchas veces usan las máquinas de electrocardiogramas para determinarlo.

 

“Pero desde hace tiempo, si alguien sufre un paro cardíaco, el médico le revisa los brazos o el cuello y si no encuentra pulso, significa que el corazón no está bombeando sangre. Eso se define como muerte clínica”.

 

En ese proceso, la mayor atención se ha puesto en el corazón, “se le dice paro cardíaco, no paro cerebral”.

 

“Para toda la medicina, incluso para la comprensión científica, pareciera que el cerebro no está funcionando porque no hay respuesta: la persona no puede hablar o sentarse”.

 

Y es que el cerebro necesita mucho oxígeno para funcionar. Si el corazón no bombea sangre, el oxígeno no le llega.

 

“Todas las señales superficiales apuntan a que el cerebro se vuelve hipoactivo”, explica Borjigin.

 

Sin embargo, las investigaciones de ella y su equipo muestran algo diferente.

 

Neurotransmisores. En un estudio de 2013 con ratas, observaron una intensa actividad de varios neurotransmisores después de que los corazones de los animales se detuvieran y sus cerebros dejaran de recibir oxígeno.

 

“La serotonina aumentó 60 veces; la dopamina, que es una sustancia química que te hace sentir bien, se incrementó de 40 a 60 veces; la noradrenalina, que te pone muy alerta, también ascendió” y lo hizo notablemente.

 

Esos niveles tan altos -asegura- “nunca los ves” cuando el animal está vivo.

 

En 2015, publicaron otro estudio sobre el cerebro agonizante en ratas.

 

“En ambos, el 100% de los animales mostraron una intensa activación de la función cerebral”, señala la experta.

 

“El cerebro estaba en un estado hiperactivo”.

 

Ondas gamma. En 2023, publicaron una investigación en la que se concentraron en cuatro pacientes que estaban en coma y con soporte vital, y que tenían electrodos de electroencefalografía.

 

“Estaban muriendo por diferentes enfermedades”, señala la científica.

 

Cuando los doctores y las familias concluyeron que “estaban más allá de cualquier procedimiento médico que pudiese ayudarlos, decidieron dejarlos ir”.

 

Con permiso de los parientes, se les retiraron los ventiladores mecánicos o respiradores.

 

Al hacerlo, los investigadores encontraron que en dos de los pacientes se registró una alta actividad cerebral vinculada con funciones cognitivas.

 

Se detectaron ondas gamma -las ondas cerebrales más rápidas- que están involucradas en procesamientos complejos de información y en la memoria.

 

Cuando se desconecta el ventilador de un paciente -precisa la especialista en neurología- se produce una hipoxia generalizada. Así es como se denomina la falta de oxígeno en la sangre.

 

La hipoxia generalizada siempre se asocia con un paro cardíaco, cuando el corazón no bombea sangre.

 

“La hipoxia parece ser el tema unificador para activar el cerebro. Y es que tan pronto como se retiraron los ventiladores, los cerebros de dos de los cuatro pacientes se activaron en segundos”.

 

Partes específicas. Mientras que en las ratas los científicos habían observado una activación global y todo el cerebro estaba encendido, “en los humanos, solo unas partes se activaron”.

 

Se trató de áreas asociadas con funciones conscientes del cerebro.

 

Una de ellas es conocida como la “posterior cortical hot zone” (zona caliente cortical posterior), que es la unión temporoparietal occipital (TPO, por sus siglas en inglés), es decir, donde se interconectan los lóbulos temporal, parietal y occipital.

 

“Es la parte de atrás de tu cerebro responsable de la percepción sensorial”, explica.

 

Se ha asociado con la consciencia y también con los sueños y las alucinaciones visuales.

 

Una zona que vieron activarse es la llamada área de Wernicke, vinculada con el lenguaje, el habla y el escucha.

 

“Demostramos que el lóbulo temporal en ambos lados es la parte que más se activa”.

 

Ubicada cerca de nuestros oídos, esa sección es muy importante no solo para el almacenamiento de la memoria, sino para otras funciones cognitivas.

 

La profesora resalta que la unión temporoparietal (TPJ, por sus siglas en inglés) del lado derecho del cerebro se ha relacionado con el desarrollo de la empatía.

 

“De hecho, muchos pacientes que han sobrevivido paros cardíacos y que tuvieron experiencias cercanas a la muerte (ECM) dicen que esas experiencias los cambiaron para mejor, que sienten más empatía”.

 

Al hablar de uno de los pacientes del estudio, Borjigin cree que de haber sobrevivido, seguramente “hubiese reportado lo mismo, pero, por supuesto, nunca lo sabremos”.

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