¿Y QUÉ TIENE DE MALO RECOMENDAR A UN BUEN PROFESIONAL?
Por Sebastian Murillo Ortiz.
En los últimos días, los titulares de los medios nacionales se han llenado de escándalo, sospecha y adjetivos encendidos porque el nuevo Fiscal General interino del Estado, el jurista adoptado beniano, José Armando Urioste Viera, dijo que no fue él quien llevó personalmente su currículum a la Asamblea Legislativa, sino un amigo empresario que conocía su trayectoria. Para la política tradicional y los micrófonos del eje central, esto ha sido presentado casi como un "delito de lesa transparencia". Pero desde las regiones, la pregunta que nos hacemos es otra muy distinta: ¿Y qué tiene de malo recomendar a un profesional intachable?
Durante décadas, Bolivia ha vivido sometida a la dictadura del "dedazo" partidario. Hemos visto desfilar en la administración de justicia a militantes con insignias de partido, a leales de turno sin más mérito que la obediencia ciega y a figuras del centralismo paceño o cruceño elegidas en negociaciones a puertas cerradas. Esas designaciones, hechas por consigna y no por capacidad, son las que terminaron destruyendo el sistema judicial boliviano y hundiendo al Ministerio Público en la extorsión y la corrupción.
Frente a esa triste historia, ¿de verdad nos vamos a ´chicotear´ porque un cliente o un ciudadano, al ver a la Asamblea empantanada, decidió agarrar la carpeta de un abogado con más de 30 años de impecable ejercicio, docencia universitaria e integridad en el Beni y decir: "Mira este abogado sí da la talla"?
Eso no es amatono ni cuota de poder; eso se llama reconocer el mérito. Quienes pretenden ensuciar su llegada olvidan —o prefieren ignorar— que Urioste no apareció por arte de magia: en los exámenes y evaluaciones de méritos de la propia Asamblea Legislativa se ubicó entre los puntajes más altos del país, fue uno de los candidatos con mayor puntaje en las Judiciales tumbadas por los autoprorrogados. Su capacidad no se la regaló nadie; se la ganó estudiando y trabajando en las aulas y en los estrados. Por eso logró 113 votos en el pleno. No fue un acuerdo de pasillo, fue el reconocimiento a una trayectoria que no tenía tacha política.
Ya era hora. Después de muchísimos años donde los profesionales fuera del eje troncal eran sistemáticamente ignorados por no pertenecer a las roscas del poder, hoy le toca a un beniano capacitado demostrar de qué está hecho.
A Urioste no hay que juzgarlo por quién le llevó el papel a la mesa a los diputados, sino por los resultados de su gestión. Hoy tiene en sus manos el desafío de limpiar la casa, de "destapar la olla" de la corrupción e institucionalizar la justicia. Dejemos el dramatismo de micrófono a un lado y dejemos trabajar a los buenos profesionales. Que hable su trabajo.
‘Chapeau’ ante el desafío y oportunidad de los buenos profesionales benianos y bolivianos.